HIPOXIA HIPÓXICA; DESAFÍO PARA EL PERSONAL AEROMÉDICO.- Por Aldo Oteo

Publicado el 27 de enero de 2026, 9:15

Una de las principales amenazas en el ambiente aeronáutico es la hipoxia, ya que representa un reto fisiológico que puede llegar a la fatalidad, ya sea en aeronaves de ala fija o rotativa, entender los mecanismos, manifestaciones y sobretodo consecuencias clínicas es indispensable para poder garantizar la seguridad tanto del personal que conforma la tripulación como del paciente.

Pero antes de comenzar debemos de definir…..

¿Qué es la hipoxia?

Según el articulo “Altitude hypoxia and hypoxemia: pathogenesis and management”, la  hipoxia se define como la insuficiente disponibilidad de oxígeno para que los tejidos realicen su metabolismo normal, aun cuando puede existir oxígeno en el aire inspirado o en la sangre, debiendo diferenciar en términos clínicos, se distingue de la hipoxemia, la cual se definde como la baja concentración de oxígeno en la sangre arterial, aunque ambas suelen coexistir en situaciones de estrés fisiológico. 

 

Dentro de los distintos tipos de hipoxia, la que más preocupa en contexto aeronáutico es la hipoxia hipóxica, causada por la reducción de la presión parcial de oxígeno en el aire inspirado, sin que exista una falla primaria del transporte o utilización del oxígeno por los tejidos. 

 

Resumiendo que la hipoxia hipóxica es la forma de hipoxia que ocurre principalmente por exposición a altitud elevada en aeronaves no presurizadas o cuando hay fallas en sistemas de presurización o suplementación de oxígeno. 

Conforme vamos ascendiendo en la aeronave, es importante tener en cuenta que la presión atmosférica disminuye, y con ella la presión parcial de oxígeno (pO₂) en el aire inspirado. Aunque el porcentaje de oxígeno relativo (aproximadamente 20,9%) no cambia, el menor gradiente de presión impide que los pulmones transfieran eficientemente ese oxígeno a la sangre arterial. 

Esto significa que el volumen de oxígeno disponible para el organismo se reduce y, si no hay medidas compensatorias (como oxígeno suplementario o descenso de altitud), los tejidos no reciben suficiente oxígeno para su metabolismo. 

La insidiosa presentación de la hipoxia es un riesgo mayor en la aviación, porque no siempre produce dolor o alarma sensorial inmediata a quien la experimenta. 

 

Los signos clásicos incluyen:

  • Fatiga o cansancio temprano
  • Alteraciones cognitivas: dificultad para concentrarse, juicio deteriorado, memoria afectada
  • Alteración psicomotora
  • Euforia o sensación injustificada de bienestar
  • Respiración agitada (disnea)
  • Cianosis (especialmente en labios o extremos)
  • Pérdida de conciencia en etapas avanzadas 

Durante mis prácticas de vuelo en el T-6 Texan II, en la Base Aeronaval de Milton, Florida, viví una experiencia que marcó para siempre mi comprensión real de la hipoxia hipóxica. En pleno vuelo, la conexión que suministraba oxígeno a mi máscara se desconectó. No hubo una alarma inmediata, ni una sensación brusca de peligro. Simplemente ocurrió… y eso es precisamente lo más inquietante.

 

Sin percatarme de lo que estaba sucediendo, comencé a experimentar de forma progresiva los efectos de la hipoxia. En ese momento entendí, no desde la teoría sino desde la vivencia, por qué muchos autores se refieren a esta condición como el asesino silencioso. Y lo es, sin exagerar.

 

Al no estar oxigenando adecuadamente mi organismo, apareció una sensación intensa y casi irresistible de somnolencia. No era ansiedad ni malestar; era una calma engañosa, una necesidad profunda de dormir. Lo más alarmante y a la vez fascinante desde el punto de vista fisiológico, fue darme cuenta de que mi propio cerebro comenzó a justificar esa decisión.

Dormir en vuelo no solo parecía posible, sino razonable. Correcto. Seguro.

 

Así actúa la hipoxia: deteriora el juicio sin que el individuo sea consciente de ello. No grita, no duele, no avisa. Simplemente apaga, poco a poco, los mecanismos críticos que nos permiten reconocer el peligro. En ese estado, la capacidad de análisis se ve comprometida y las decisiones absurdas pueden percibirse como completamente lógicas.

 

Esa experiencia me dejó una lección indeleble: en aviación, el mayor riesgo no siempre es lo que sentimos como amenaza, sino aquello que nos hace creer que todo está bien cuando, en realidad, no lo está.

 

 

Estos síntomas pueden aparecer incluso a altitudes moderadas, por ejemplo entre 3,000 y 4,500 metros (10,000–15,000 pies), donde la capacidad de realizar tareas cognitivas y operativas puede verse comprometida antes de que el paciente lo perciba conscientemente

¿Por qué esto es importante?

 

La función cerebral es especialmente sensible a la reducción de oxígeno. Estudios señalan que incluso niveles considerados “moderados” pueden afectar funciones como la toma de decisiones, el tiempo de reacción y la memoria reciente, aspectos críticos para los equipos aeromédicos y pilotos. 

 

Además, tras exposiciones repetidas o prolongadas, la recuperación completa de la función cognitiva puede retrasarse incluso después de restablecer niveles normales de oxígeno arterial, lo que subraya la importancia de medidas preventivas

¿Cómo entrenamos entonces para prevenir los efectos dañinos de la hipoxia en vuelo?

 

Existen dispositivos y sistemas especializados integrados a simuladores de vuelo diseñados específicamente para el entrenamiento en reconocimiento de hipoxia. Estas plataformas permiten reducir de manera controlada el aporte de oxígeno a la máscara o simular ambientes de baja presión parcial de oxígeno, con el objetivo de reproducir de forma segura los efectos fisiológicos de la hipoxia hipóxica en el piloto.

 

La finalidad principal de este tipo de entrenamiento no es llevar al aviador a un estado de riesgo, sino enseñarle a identificar sus propios síntomas tempranos, ya que la hipoxia no se manifiesta igual en todas las personas. Algunos pilotos desarrollan somnolencia, otros euforia, deterioro del juicio, lentitud cognitiva o alteraciones psicomotoras. Reconocer ese “perfil personal de hipoxia” es crucial, porque en un escenario real de vuelo el tiempo de reacción puede ser limitado y las señales subjetivas engañosas.

 

Durante estas sesiones, el piloto permanece bajo supervisión médica y técnica estricta, mientras realiza tareas cognitivas, procedimientos aeronáuticos o maniobras básicas. Conforme disminuye el oxígeno disponible, se evalúa su capacidad de respuesta, toma de decisiones, coordinación y conciencia situacional, así como el momento en el que reconoce que algo no está funcionando correctamente y aplica las medidas correctivas (restablecer oxígeno, verificar sistema, iniciar descenso, etc.).

 

Este tipo de entrenamiento tiene un valor incalculable porque la hipoxia no siempre genera una sensación inmediata de peligro. Al contrario, puede producir una falsa sensación de bienestar o normalidad, lo que incrementa el riesgo operacional. Exponer al piloto a esta experiencia en un entorno controlado permite que, en vuelo real, no dependa de la teoría, sino de una memoria sensorial y cognitiva previamente entrenada.

 

FUENTES:

  1. Hypoxic hypoxia and brain function in military aviation: basic physiology and applied perspectives, Frontiers in Physiology. 
  2. Altitude hypoxia and hypoxemia: pathogenesis and management, revisión en PubMed. 
  3. Hypoxia, artículo en SKYbrary Aviation Safety. 
  4. FAA Airman Education — Hypoxia training, Federal Aviation Administration. 
  5. Hypoxic ventilatory response, Wikipedia (contexto fisiológico). 

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